Volver Universidad_Catolica_vs_Cobreloa_26.470×0[1] Full view

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La melancolía y la tristeza en una tarde noche de domingo cuando ya cae el crepúsculo y la ciudad empieza a caer en un bostezo primaveral, cuando el mundanal ruido cesa para transformarse en silencio, donde solo queda la compañía de un fiel e inseparable café, el cual por más azucarado que uno beba, sigue teniendo una constante amargura mientras observamos las imágenes de un partido para el olvido, a lo lejos suena un sonoro tango.

“Y aunque el olvido que todo destruye, haya matado mi vieja ilusión, guardo escondida una esperanza humilde, que es toda la fortuna de mi corazón”

Todo este preámbulo es simplemente para condimentar lo mal que jugamos, lo pálido de nuestro actuar, lo abyecto de nuestro fútbol que solo nos hace evocar tiempos pretéritos, domingos felices y de lunes donde los amaneceres eran esplendorosos y motivantes, que lejos está este Cobreloa. De su propio gran nivel de juego alcanzado, lesiones, bajas de rendimientos, secretos de camarín, etc…  hacen que este equipo solo sea un buen recuerdo de jornadas llenas de buen fútbol.

¿Qué paso? , dando una racionalidad, fuera de las pasiones que no mueven como hinchas que llevamos impregnada esta camiseta, con aquella memorable canción de Frank Sinatra: “I’ve got you under my skin. I’ve got you deep in the heart of me. So deep in my heart that you’ rereally a part of me”. 

En el fútbol actual, con un plantel corto, es poco lo que se puede alcanzar sin caer en un análisis simplón ni que al lector le parezca una excusa. El problema de todo ser humano es el no manejo de la expectativas y eso nos pasó la cuenta, llegamos a un peak de rendimiento muy pronto y sostener una campaña en la alta competencia es una utopía, agregándole variables que a la postre se transforman en una pesada mochila, como los constantes viajes y prácticamente jugar de visita todo el año, aun así, hemos dado batalla con nuestros argumentos y hemos salido a jugar de igual a igual, salvo ayer; donde esperamos, donde fuimos timoratos, donde no coordinamos tres pases seguidos, donde nuestros defensores siempre corrían de frente mirando nuestro propio arco, con una falta de gol que nos descontrola e irrita.

Quizás nos generamos más expectativas de las necesarias, pero no me culpo, no los culpo, este equipo llegó a jugar como los años de gloria, como aquel Cobreloa del cual nos enamoramos y llevamos un amor eterno e indestructible, un amor que no pasa por un resultado o una presea, simplemente es así, como un flechazo como un amor de infancia.

Este Cobreloa demostró que con lo que tenía llegaba al triunfo de la mano del buen juego, gustaba, ganaba y nos ilusionaba, pero eso es lo que tiene este deporte que nos moviliza, que siempre nos dará la posibilidad de volver, como aquel tango, ya que en el hincha loíno siempre quedara encendida una esperanza humilde, para algún día volver.

Columna publicada originalmente en Redgol.cl

Written by Angelo Correa