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Carlos Riquelme , un zorro en tierras aztecas

Una de las ciudades más pobladas y –por qué no decirlo- uno de los países más peligrosos del mundo, nunca fue un problema para trasladarse a vivir a él para otro de los anónimos miembros de la patria loína repartidos por el mundo. Nos referimos a Carlos Riquelme Caro, ex profesor de la Universidad Austral de Chile y que por motivos de su perfeccionamiento profesional viajó a Ciudad de México 2011 para la realización de su doctorado en Políticas Públicas en el TEC de Monterrey.
El temor natural poco a poco se transformó en asombro, conocimiento, respeto, porque también es un país hermoso y con una población espectacular. En cada paso que das, te encuentras con costumbres, comidas, formas de ver la vida distinta, sumado a un patrimonio arqueológico prehispánico que sencillamente te hace alucinar y que te puedes encontrar a la vuelta de la esquina.
Carlos es originario de Puerto Natales, allá por el sur del mundo, considerándose uno de muchos magallánicos que llevan la naranja en el alma y en el corazón y que, en su opinión, pasan desapercibidos para el mundo loíno, quizá por el hecho de que sus dirigentes, siempre han pensado en chiquito, en local, no dándose cuenta que Cobreloa es un equipo que cuenta con apoyo en todo el territorio nacional e internacional.
“En México siempre me preguntan “a quién le voy” e increíblemente -obvio después de los tres tradicionales e innombrables- el Zorro es conocido y reconocido como un buen equipo. Más si eres de los Pumas de la UNAM donde juega el ex defensa loíno Dario Verón”, cuenta Carlos.
“Para mí el romance comienza, como con muchos, en los 80, cuando medio Chile y más, y sobre todo los más jóvenes vibrábamos mirando por TV en blanco y negro a un grupo de jugadores que hacían patria y se imponían ante los tradicionales rivales, nombres que nos hicieron enamorarnos de esos colores, principalmente por el tremendo corazón que ponían en cada partido y que no sólo nos reglaron el 50% de los títulos que actualmente ostenta el club, sino que hicieron soñar a un país completo, cuando con todas las limitaciones rayaron en la hazaña en las dos finales de la Libertadores”, recuerda.
“Para mí, a mis 9 años marcaron un antes y un después en cuanto a ser hincha de un equipo. Con un padre incoloro y una madre hincha del búho, fue así que me di cuenta del valor del equipo y desde ese momento no ha existido otro amor, y éste es incondicional”, enfatiza.
Para terminar Carlos expresa su pena y preocupación por la situación actual del club. “Veo con tristeza que se olvidaron del equipo, del buen fútbol y del hincha. Lo más palpable, se ha perdido el respeto por la naranja en casa, cuando hasta los que se dicen gigantes -cuando pensaban en Calama- llegaban a temblar…eso es lo que hay que revertir y volver a rencontrarnos con el glorioso que hoy, al parecer, duerme”, se lamenta.
“Cobreloa nació gigante y los nombres de Osbén, Merello, Tabilo, Puebla, Soto, Letelier, Covarrubias, Trobbiani, Gómez, y mi ídolo Olivera, entre muchos otros, exigen mantener esa grandeza ganada con sudor en la cancha. Cosa que hoy por hoy no aprecio. Así, por ahora, lo que queda es sufrir a la distancia, siguiéndolo por la radio y cuando al CDF se digna programarlo, viéndolo por TV, sea como sea y pase lo que pase, seguimos con el aguante… desde la tierra de Villa y Zapata con Cobreloa hasta la muerte”, apunta.

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